
Acá estoy otra vez (en este ataque de egomanía), esta vez llevo un estilo kayak salvaje-aventurero. A esta pequeña playa sólo se puede acceder vía marítima. Después de remar y remar en mar abierto con olas nada amigables uno se pregunta si en verdad era necesario dejar el comfort de la ciudad. Pero cuando no hay nadie más en ese pedazo de arena y olas uno mismo agradece todo y mira al cielo y se siente mar-eado (literalmente). En el parque Abel Tasman, también en la Isla Sur.
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Etiquetas: Abel Tasman